El riesgo de liquidación. Qué es y cómo se mide

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En el mundo financiero, el riesgo de liquidación a menudo puede ser un concepto que incluido en una conversación puede dejar a más de uno rascándose la cabeza.

No obstante, la realidad es que este riesgo nos afecta a todos, desde las grandes corporaciones hasta a los individuos que manejan sus finanzas personales. Por ello, es importante entenderlo y saber cómo se mide, de tal forma que sea un paso más en el camino hacia la educación financiera.

En este artículo, vamos a analizar el riesgo de liquidación desde un enfoque sencillo y comprensible, sin complicaciones ni términos demasiado técnicos. Así que, si has estado buscando información clara y fácil para entender este concepto, quédate con nosotros.

¿Qué se entiende por riesgo de liquidación?

La forma más sencilla de entender el riesgo de liquidación es pensándolo como una posibilidad. Es decir, la posibilidad de que una persona o una empresa, tenga que vender activos de una manera forzada. Normalmente esto sucede cuando hay una obligación financiera que cumplir, como una deuda y los fondos disponibles no son suficientes para cubrirla.

Cuando esto sucede, los activos se venden, a menudo a precios inferiores conforme a su valor real, para poder cumplir con dichas obligaciones. Inversiones, propiedades, acciones y otros activos podrían verse afectados.

Por lo tanto, cuando hablamos de ‘liquidación’, simplemente significa convertir algo en efectivo o un equivalente cercano. En el contexto del riesgo de liquidación, es la conversión apresurada de activos en dinero para saldar alguna obligación que se ha contraído a nivel financiero.

qué es el riesgo de liquidación y cómo calcularlo

¿Qué es un riesgo de liquidez?

El riesgo de liquidez es un término que está vinculado de cerca con el riesgo de liquidación y se refiere a la posibilidad de que una persona o empresa no pueda cumplir con sus obligaciones a corto plazo debido a la incapacidad de convertir sus activos en dinero en efectivo.

Sin querer ser negativo, probablemente el mejor ejemplo lo encontremos en nuestra propia vida diaria. Facturas que pagar, compras que hacer, habiendo que asegurarte de que el dinero esté disponible cuando se necesita. Pues suponiendo que ese dinero está atado en algo que no puedes vender fácilmente, podríamos estar hablando de riesgo de liquidez.

En el ámbito de los negocios, este riesgo puede surgir cuando una empresa tiene inversiones o activos que no pueden ser vendidos o convertidos en efectivo en el momento necesario, lo que puede llevar a tener que asumir mayores deudas para cumplir con las obligaciones financieras, como pagar a a los proveedores o a los empleados.

¿Qué es el riesgo de crédito y contraparte?

Otro término relacionado con los dos anteriores es el de riesgo de crédito, el cual se define como la posibilidad de que alguien a quien le has prestado dinero no te lo devuelva. Como ya sabrás esto no es algo que solo les suceda a los bancos o a las grandes corporaciones. De hecho, la realidad es que incluso podría pasar en una transacción tan simple como prestarle dinero a un amigo.

De esta forma, cualquier inversor, institución financiera, o incluso una persona que presta dinero de manera informal, está enfrentando el riesgo de crédito. En el mundo de las finanzas, evaluar este riesgo es una tarea importantísima y por eso hay profesionales que se dedican a estudiar la capacidad de pago de quienes solicitan préstamos o contraen algún tipo de deuda monetaria o comercial.

Ahora, pasemos al riesgo de contraparte. En esta ocasión estamos hablando de la posibilidad de que la otra parte en un contrato no cumpla con sus obligaciones.

Por ejemplo, supongamos que has llegado a un acuerdo para comprar algún artículo de manera online y el vendedor no entrega el artículo después de que has realizado el pago. Pues esto, además de una estafa, sucede porque has asumido en primer lugar un riesgo de contraparte. Por eso, lo ideal es hacer previamente una cuidadosa selección de con quién hacer compras o negocios.

Ambos riesgos, el de crédito y el de contraparte, giran por tanto en torno a la confianza y el cumplimiento de las obligaciones. La clave para manejar estos riesgos no es evitarlos por completo, porque la realidad es que eso sería prácticamente imposible. En cambio, se trata de conocerlos, entenderlos y tomar medidas para mitigar sus posibles efectos negativos.

Comparación de los activos y los pasivos para analizar la liquidez de una empresa

¿Cómo se mide la liquidez de una empresa y su riesgo de liquidación?

La liquidez se determina a través de varios indicadores que, al analizarse conjuntamente, ofrecen una perspectiva completa del estado financiero de la empresa.

Uno de los indicadores más comunes es el ratio de liquidez corriente, el cual se calcula dividiendo el activo corriente entre el pasivo corriente de una empresa. Si el resultado es mayor a 1, significa que la empresa cuenta con más activos que pasivos a corto plazo y por lo tanto, tiene la capacidad de cubrir sus deudas en ese periodo.

Sin embargo, hay quienes consideran que este ratio, por sí solo, no es lo suficientemente específico. Para ellos, el ratio de prueba ácida, que excluye las existencias del activo corriente, proporciona una imagen más ajustada a la realidad. El razonamiento detrás de este indicador es que las existencias, dependiendo del sector, pueden no ser tan fáciles de convertir en efectivo como otros activos corrientes.

Por otra parte, para evaluar el riesgo de liquidez, es necesario observar las proyecciones de los flujos de efectivo, los calendarios de vencimientos de deudas y las condiciones del mercado en las que opera la empresa.

Una empresa que dependa en gran medida de un mercado con una alta volatilidad, por ejemplo, tendrá que enfrentar de una forma más probable un mayor riesgo de liquidez en el caso de que dicho mercado experimente un periodo de inestabilidad.

No obstante, no hay que confundir la liquidez con la solvencia, ya que mientras que la liquidez se refiere a la capacidad de la empresa para atender obligaciones a corto plazo, la solvencia se enfoca en su poder para hacer frente a las deudas a largo plazo. Por tanto, ambos conceptos, aunque relacionados, ofrecen perspectivas diferentes sobre la salud financiera de una determinada entidad.

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