Gestión de activos y depreciación

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En el momento de proceder a la realización de la contabilidad de una empresa se deben tener en cuenta tanto los activos fijos como aquellos que son circulantes. Estos últimos hacen referencia a los créditos, derechos y bienes que pueden llegar a convertirse en líquido de una manera inmediata o en cuestión de un tiempo inferior a loas 12 meses.

Por otro lado, los fijos, que también se conocen como no corrientes, son más duradero y podrían ser definidos como aquellos derechos o bienes que son adquiridos para ser utilizados en el propio funcionamiento de la empresa en sus actividades y que no lo hicieron para comercializar con ellos.

De esta forma, por ejemplo un activo fijo podría ser la nave en la que una empresa fabrica sus productos o las herramientas que utiliza para ello. Sin embargo, hay casos en los que un activo puede ser tanto fijo como circulante, dependiendo para la empresa de la que se trate. Por ejemplo, para un concesionario un coche es un producto comercial pero para un servicio de reparaciones que lo utilizada para trabajar es un activo de tipo fijo.

En este sentido y más allá de saber qué es un activo fijo, hay que ser capaces de llevar una  gestión de activos y depreciación  apropiada para el correcto devenir de la empresa. No obstante, antes es importante que sepas qué tipos de activos fijos hay.

Tipos de activos fijos

Los activos fijos se pueden distinguir principalmente en dos tipos, siendo ambos importantes y que deben estar presentes en la contabilidad de la empresa con sus amortizaciones correspondientes, y que son los siguientes:

Tangibles

Son aquellos bienes materiales de la empresa que se pueden tocar.  También se establece como tales los terrenos y los bienes naturales, como edificios, solares, la maquinaria, los vehículos, herramientas, instalaciones técnicas, mobiliario, equipos informáticas, etcétera.

No tangibles

Son los más complicados de poder cuantificar ya que no son materiales, aunque no por ello dejan de tener un valor económico. Esto son por ejemplo las marcas de la empresa, los nombres de sus productos, que deben estar registrados, así como las patentes, permisos, derechos de autor, licencias, franquicias…

Inventario de los activos fijos

Al tener un valor financiero y patrimonial para la empresa, es importante contar con un inventario adecuado de los mismos, debiendo hacer una correcta  gestión de activos y depreciación incluyendo datos de relevancia como situación física, descripción, valor, código, estado, depreciación y vida útil.

Mantener un correcto registro de todos estos bienes hace que la empresa pueda tener los datos necesarios para poder tomar diferentes tipos de decisiones relativas al ámbito fiscal y financiero, debiendo reflejar en sus cuentas los gatos y amortizaciones así como los ingresos generados por esos activos, así como una optimización de los impuestos según las leyes, tratando de ahorrar costes.

Es aconsejable que, al menos una vez al año, se haga un inventario de activos de tipo fijo. Además se debe mantener un control permanente de su funcionamiento. Son muy importantes para el balance de una empresa y por ello debe hacerse una gestión adecuada de ellos. Hoy en día es muy fácil mantener una correcta  gestión de activos y depreciación gracias a las herramientas informáticas existentes.

¿Qué es la amortización?

A la hora de hablar de la  gestión de activos y depreciación no se puede dejar de lado la amortización, que es  la cuenta contable que se encarga de registrar la pérdida de valor de los activos, ya se trate por el uso o por el paso del tiempo.  No obstante, también puede deberse a otros motivos, como por ejemplo el número de unidades producidas, como ocurre en el caso de la maquinaria de las empresas.

Existen diferentes motivos para tener que recoger la pérdida de valor en la contabilidad, lo que también se conoce como depreciación. De hecho, realmente la amortización es la forma en la que se cuantifica la depreciación de los activos.

La depreciación puede ser:

  • Física: En aquellos casos en los que se debe al paso del tiempo, independientemente de que el activo haya podido utilizarse o no. Esto, por ejemplo, se ve en el caso de un vehículo, que aunque no se utilice, estará perdiendo valor cada día que pase.
  • Funcional: En este caso, la pérdida de valor del activo se debe al número de veces o tiempo en el que el mismo ha estado utilizándose.
  • Económica: También conocido como obsolescencia. Es la pérdida de valor por la llegada de nuevas innovaciones que mejoran sus procesos. Esto hace que ese bien pase a estar anticuado, obsoleto o sea menos eficiente que un modelo nuevo.

Los métodos de amortización son diferentes, siendo el habitual el lineal, que se amortiza en la misma cantidad cada año, pero también existen otros métodos, como el creciente o el decreciente.

De esta manera se puede considerar que la amortización es el gasto que se encarga de recoger la pérdida de un valor de un activo que va a permanecer dentro de una empresa durante un tiempo superior al año.

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