Suspensión de pagos – ¿Qué es la suspensión de pagos?

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¿Tienes una empresa que no atraviesa su mejor momento y estás planteándote si realmente puedes hacer frente a diferentes pagos? ¿No ves una salida factible en la que todas las partes estén satisfechos con tus decisiones y salvas tu empresa? En este artículo hablaremos exactamente de qué es la suspensión de pagos y las opciones que podemos llegar a tener. Para saber cómo salir de las deudas o tener negocio propio, también es aconsejable que sepamos qué son los estados financieros.

Nadie quiere llegar a este tipo de situación o enfrentarse a la toma de estas decisiones. Es uno de los motivos por el que el dueño de la empresa no quiere ver la realidad o no acepta las actuales circunstancias. Por ello, el primer paso y el más importante es hacer un reconocimiento de dónde se encuentra la empresa. Puede que por orgullo o amor propio, renunciemos a siquiera plantearnos este procedimiento. Aunque está bien que tengamos confianza en nuestras posibilidades para mejorar nuestro estado financiero, hemos de ser conscientes de los hechos. Tener una visión objetiva y percibir la realidad de esta manera es una cualidad muy valorada en los empresarios.

A lo largo del texto encontrarás la información pertinente respecto a este estado financiero, las diferencias con otros y la posible solución. Al margen de las decisiones que se tomen, es importante tener siempre un comportamiento ético y honesto. No solamente estamos jugando con nuestra fuente de ingresos, sino también con las de otras personas. Cuando tenemos la responsabilidad de pagar sueldos o facturas a pequeñas empresas, hemos de estar a la altura. Familias enteras hacen o planifican sus vidas en base a ese dinero, por lo que no podemos fallarles. No es una buena conducta infravalorar el tiempo que han invertido en ayudar al crecimiento empresarial.

suspensión de pago

Suspensión de pagos

Por desgracia, una gran cantidad de empresas atraviesan una época en la que no disponen de la suficiente liquidez. Este escenario suele desembocar en una suspensión de pagos. La estadística ha aumentado a consecuencia de la grave crisis que estamos atravesando durante estos últimos años. Si estamos empezando a notar demasiadas pérdidas, es importante conocer varios conceptos de contabilidad. De esta manera podemos saber el punto en el que está nuestra empresa. Manejando esta información, tomaremos una mejor decisión con el objetivo de solucionar el problema cuanto antes.

Una suspensión de pagos, visto desde la contabilidad, es cuando la empresa suspendo los pagos que de las deudas pendientes para su pago. El motivo es que no ha llegado un punto en el que no puede hacer frente a esos pagos. Una empresa es insolvente al no poder cumplir con dichos pagos antes de la fecha de su vencimiento. Esta circunstancia está regulada por nuestra Ley Concursal, establecida en el año 2003. El procedimiento tiene el objetivo de que la parte deudora y la acreedora lleguen a un entendimiento que beneficie a los dos. En él, están todas las facilidades posibles para que la deuda pendiente se pague a medio y largo plazo.

Un requisito para que a una empresa le esa posible entrar en esa suspensión de pagos es que acredite la capacidad de poder hacerse cargo de esas deudas. En caso contrario, no podrá empezar este procedimiento. Además, si no existe un acuerdo entre la parte deudora y la acreedora, tampoco es viable entrar en una suspensión de los pagos. La manera de garantizar el éxito en el proceso es que esté predispuesto a cumplir con lo pactado en su momento. Si no se da esta circunstancias, obviamente la parte acreedora no va a negociar nada.

Momento para entrar en un concurso de acreedor

Continuamente se llega a la errónea confusión de dar por hecho que un concurso de acreedor es lo mismo que una suspensión de los pagos. Sí es cierto que ambos conceptos legislan cuando una empresa es insolvente. Una diferencia entre estas dos situaciones es en qué momento se llega a producir. La suspensión de los pagos siempre va a producirse de manera previa al concurso de acreedores.

Si declaramos la empresa insolvente, esta puede entrar en dicho concurso de acreedor. En este procedimiento legal es nombrado el administrador concursal. Esta persona es la encargada de la gestión de cuentas correspondientes a esa sociedad. El objetivo de esta gerencia es cumplir con el pago de toda deuda, buscando la mejor manera y así tener la posibilidad de mantener con vida la empresa y su actividad.

Una cuestión muy planteada dadas las situaciones anteriormente descritas es saber el futuro de los trabajadores. Según lo establecido, la prioridad es primero pagar a la parte más afectada y con más vulnerabilidad. En este caso pueden ser los empleados o proveedores con pocos recursos que dependen de nuestros pagos. Por último, se procederá a saldar la deuda con los acreedores que tengan más posibilidades de sobrevivir y recursos.

Si la parte acreedora no consigue ni ve posibilidad de cobrar esas facturas, puede también solicitar que dicha empresa entre en concurso de acreedor. Esta iniciativa y procedimiento recibe el nombre de concurso necesario. La principal diferencia es que por esta vía, esa empresa dependerá del administrador concursal. En cambio, si es iniciativa propia de la empresa, es la misma compañía la que se encargará de la gestión.

Diferencias entre quiebra y suspensión de pagos

Otros conceptos que dan lugar a un malentendido o que se mezclen son la quiebra y la suspensión de los pagos. Aunque pueda parecer lo mismo, cada término financiero tiene una consecuencia casi totalmente opuesta con la otra. Por eso es importante saber bien la definición de ambos.

Cuando una empresa se declara en quiebra significa que su valor en libros del activo es menor respecto a su valor en las deudas que ha contraído con terceras partes. Al margen de que esta parte deudora se trate de una entidad financiera o proveedor. Es por ello que su patrimonio neto tiene de resultado una negativa cifra. Una quiebra es a consecuencia de que las pérdidas se den de manera continuada en distintos ejercicios.

La mayor diferencia entre estos dos conceptos se haya en su naturaleza. La suspensión de los pagos es un desajuste tesorero empresarial, suponiendo un contratiempo a nivel líquido. Mientras que la quiebra tiene mayor gravedad, ya que su consecuencia puede ser final. La empresa puede sufrir su disolución y posterior desaparición. Este problema solvente (un activo no puede cubrir deudas) puede terminar en el cierre del negocio.

Soluciones para la empresa

Si nuestra empresa atraviesa por una suspensión de los pagos, podemos revertir la situación. Por ejemplo, una solución puede ser la modificación del período para el pago a esos proveedores. Con esto, conseguiremos un mayor margen para que podamos cumplir con las deudas.
En el caso de que la empresa se encuentre en quiebra, solamente hay una solución posible. Tendremos que ampliar el capital, con la intención de igualarlo respecto al valor correspondiente a deudas. Así, podemos tratar de encontrar una cifra que sea positiva respecto al patrimonio neto.

Como hemos podido comprobar, estos dos conceptos son opuestos. La primera, tiene como finalidad que la empresa continúe y se pasa a buscar la solución con la que se pueda cumplir toda deuda. Sin embargo, la quiebra arriesga la continuidad de la empresa, al mismo tiempo que daña su imagen. Al margen de estas diferencias, los dos escenarios son drásticos, provocados por una gestión financiera mala. Esta gestión ha permitido que el endeudamiento sea demasiado para la realidad, los recursos o las posibilidades de la empresa. Por este motivo, es importante llevar un control máximo de nuestro endeudamiento para que la empresa goce de buena salud.

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Consejos

Cuando tenemos una deuda, es posible que nos hayan registrado en una o varias listas de morosidad. En España, actualmente, existen cuatro listas oficiales y legales. Dependiendo de la deuda, estaremos en algunas de ellas en las que figurará el impago. Aunque no podamos hacer frente a esa deuda en un pago, podemos negociar con la parte que nos exige esa cantidad. Con el fin de salir de esas deudas, llegaremos a un acuerdo que satisfaga a ambas partes. Siendo una empresa, puede que necesitemos en un futuro cercano financiación o contratar servicios para el desarrollo de la actividad. Estar en una de esas listas puede ser un elemento perjudicial para conseguir el producto o servicio que necesitamos. En esta posición, es mejor salir de cualquier lista de morosidad.

Si aún pagando esa deuda seguimos figurando en esas listas, tendremos que ponernos en contacto con la empresa que nos exigía el pago. Según lo establecido en la ley, dicha empresa debía haber retirado nuestros datos en un plazo no superior a 30 días. Si eso no ha ocurrido, nos mandarán, previa exigencia nuestra, un justificante o certificado de que actualmente no tenemos deudas con ella.

En lo referente a organismos públicos, podemos estar en lista de morosidad. Es importante saber que estos organismos nunca publican esos datos. En este caso, tendríamos que pedir un justificante a ese organismo público y facilitarlo a esa lista de morosidad. Es importante saber que todo proceso relacionado con estos trámites son gratis. Hay empresas con tarificación especial que se dedican a ello, pero no es una opción económicamente recomendable.

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