Obsolescencia – ¿Qué es la obsolescencia?

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¿Te gustaría saber más sobre la vida útil de los productos comercializados? ¿Tienes una empresa con un amplio stock y quieres información sobre términos de mercancía y gestión de la misma? En este artículo hablaremos exactamente de qué es la obsolescencia y de todo lo que deberías saber sobre ella. Es el estado o condición de un producto cuando ha pasado un tiempo o vigencia determinado que se ha programado para su correcto funcionamiento.

Es no poder tener acceso o existir repuestos, producto electrónico o automóvil. Esa ausencia para reparar el problema o sustituir esa pieza es motivada por la subida del coste en su producción, ya que es una serie corte. Otra de las razones se debe al continuo desarrollo e investigación de la sección de cada empresa. Este departamento consigue construir y fabricar versiones mejores a la anterior, por lo que se deja de hacer repuestos del modelo antiguo.

Las nuevas versiones vienen con mayores y mejores prestaciones que el predecesor, que en situaciones normales es un hecho positivo. El problema está en, sobre todo, los dispositivos móviles o en equipos de informática. La estrategia de las empresas es dosificar las prestaciones que han desarrollado en una sucesión de varios modelos, con su consiguiente beneficio. Primero venden una versión que es consumida por la sociedad en un tiempo calculado y esperado. Más tarde, al de unos  seis meses incluso, sacan la versión mejorada que dobla en capacidad y rendimiento a la anterior. Es una táctica poco ética, ya que primero nos «cuelan» la versión mejorada, pero no la definitiva. Es como si una empresa de móviles tuviese desde el principio la capacidad de fabricar smartphone, pero decide lo siguiente. Primero fabrica móviles normales y progresivamente introduce las mejoras, multiplicando beneficios. De esta manera, amplían el tiempo de ingresos.

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Obsolescencia

La obsolescencia es representado en el mercado por el momento que una tecnología nueva releva a su antecesor u otro producto determinado. Por ejemplo, en la historia reciente, podemos recordar el uso del telégrafo y el invento del teléfono, cintas para cassette y CD’s, etc. Esta situación es consecuencia por una estrategia determinada de su fabricante y se produce de tres maneras:

Obsolescencia percibida. Dan cierto aspecto al producto que crean y en el futuro se comercializa un producto idéntico, variando simplemente su diseño. Un ejemplo que define este concepto a la perfección es el sector de la moda. Cada año están de moda o quedan anticuados ciertos estilos o colores, dependiendo de la estación del año. Esto motiva al comprador para que de manera regular consuma este producto y se siga vendiendo.

Obsolescencia especulativa. Son las situaciones en las que se proceder a comercializar un producto con menor rendimiento, prestaciones o de baja calidad por un precio menor. Es una táctica para ganarse ese mercado y cuando se haya integrado perfectamente, ofrece ese producto mejorado. En estas situaciones, la marca da una imagen de ser una compañía innovadora y dinámica, ya que ha sacado un producto con mayor prestación y calidad en poco tiempo. Se aleja totalmente de la realidad, puesto que esa opción estaba disponible desde un principio.

Obsolescencia planificada. Al empezar la creación del producto, entre sus diversos estudios, se calcula el tiempo de previsión o su tiempo de vida. Es esa duración en la que el producto mantiene sus prestaciones y siga funcionando de una manera correcta. Pasado ese tiempo, necesitará una reparación o ser sustituido para que el cliente siga confiando en esa marca. Es un tipo de obsolescencia implementada en el proceso de fabricación para motivar el consumo continuo de diferentes productos y versiones.

Obsolescencia planificada.

A continuación, hablaremos de la obsolescencia que se programa, ya que es un concepto muy interesante. Casi todos los comerciantes, por iniciativa propia y sin necesidad, añaden este factor en la fabricación del producto. Tiene como objetivo crear para el futuro otras ventas, acortando el tiempo entre ellas. Un ejemplo ilustrativo puede ser el de un lavavajillas que se ha fabricado para que comience a fallar una vez han pasado seis años desde la compra. De esta forma, de manera sutil, se «obliga» al consumidor a repetir esa compra pasado ese tiempo. Esta estrategia no es muy efectiva si estamos en un sector competitivo, ya que el cliente optará por opciones más duraderas y de calidad. Es una forma de conseguir ingresos muy arriesgada y poco ética, que causa rechazo en la sociedad.

Expertos economistas, además, señalan que esta práctica influye negativamente en nuestra economía. El hecho de comprar un producto y al de un tiempo tener que volver a comprarlo tiene un impacto en nuestro bolsillo y poder adquisitivo. Si cada seis años precisamos adquirir un lavavajillas, no tendremos dinero para otros productos o servicios y esto influye a otras empresas y sectores.

En nuestra historia, la famosa bombilla incandescente fue el primero en ser afectado por esa obsolescencia programada. Edison inventó un prototipo en el que su duración llegaba a las 1.500 horas. Se catalogó de éxito total y diferentes compañías comenzaron a fabricar este producto. El objetivo era claro en sus inicios, conseguir mayor tiempo de vida en el producto. No duró mucho esa idea, ya que llegaron a un acuerdo para prohibir la fabricación de un producto que garantizara más de 1.000 horas para consumo. El fabricante que no respetara esa norma implantada era penalizado. En esa época, fue aceptado por los consumidores al no existir casi conciencia en cuanto a derechos del consumidor.

Consecuencias

Hoy en día, estamos en un período en el que hemos de hacer frente a ciertas contradicciones y paradojas. La situación es para analizar detenidamente y sacar conclusiones al respecto. En cuestión de recursos, tenemos una gran capacidad para implementar tecnología y fabricar un producto que tenga una esperanza de vida muy superior. Por otro lado, por esa misma tecnología y los continuos avances, salen a la venta productos que mejoran al anterior. El consumidor está en una posición de casi obligación social a consumir las novedades para mantener el ritmo de la sociedad. Una prueba clara de ello son los smartphones. A un gran porcentaje de la población le sería suficiente un dispositivo capaz de llamar, mandar mensajes y hacer fotos de calidad. Sin embargo, salen continuas mejoras cada año que terminan en un importante desembolso.

Otra gran consecuencia negativa es el problema en nuestro medio ambiente. Como un producto queda obsoleto en cuestión de meses o años, se deja de fabricar las piezas para recambio. La no salida a este tipo de mercancía genera una cantidad de residuos muy importante y perjudicial. Como posible solución, la industria ha propuesto la instalación para el reciclaje. Esto supone una serie de costes (energía, contaminación, entre otras) que ponen en duda la rentabilidad o compensación del impacto medioambiental.

Esta iniciativa se ha visto efectuada por varias compañías de teléfono móvil que comercializan dispositivos en un tiempo determinado. Por llevar nuestro móvil actual, nos hacen descuento en el nuevo. También nos ofrecen la posibilidad de pagar una especie de alquiler por ese nuevo dispositivo y en 12 meses optar a otro. Una vez recolectados estos productos, varias ONG’s se encargan de volver a distribuir esta mercancía en perfecto estado a personas que lo necesiten o países con menos recursos.

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Conclusión y consejos

Una conclusión ha quedado clara y podemos estar seguro de ella; es imposible seguir el ritmo a los avances tecnológicos  y su comercialización. Al menos que nuestra economía esté muy por encima de la media, hemos de aceptar este hecho indiscutible. El mejor dato para respaldar esta afirmación es el consumo de los dispositivos móviles, en concreto los smartphone. Hasta hace unos años, el mejor de los móviles, en el día de su lanzamiento, alcanzaba un valor entorno a los 400-500 euros. Era un dispositivo con todas las prestaciones posibles que cubrían cualquier necesidad de un consumidor medio. No solamente eso, sino que sus prestaciones eran tantas que solamente estábamos capacitados para usar un 10% del potencial de ese producto. Esto no era hace tanto tiempo, pero si miramos ahora el precio de un móvil de última generación, puede llegar a los 1.200 euros.

En cuestión de poco tiempo, alcanza el doble de su valor y eleva el consumo. Todo ello, en época de crisis, falta de oportunidades laborales, empobrecimiento de las condiciones para trabajar y aumento de la vida. El secreto está en la obligación social que supone estar a la última porque el vecino o tus amigos también lo están. No se sabe quién de ellos da el primer paso, pero basta que lo de uno para que desencadene su consumo. Y esto pasa en cada hogar, cada barrio y cada grupo de amigos.

Hay gente que resiste o no le afecta este consumo social y mantiene su smartphone porque todavía es de nivel y le funciona. Para ese también está pensado un plan que le obligue a una renovación no tan constante, pero sí inevitable. Las aplicaciones como Whatsapp, Instagram o de ese tipo, cada vez ocupan más espacio en nuestro móvil. La última versión de ellas, por ejemplo, no podría funcionar en un dispositivo con unos años determinados.

Es por estas razones que debemos saber cómo consumir menos y vivir mejor y cómo ahorrar en la compra  para conseguir ganar más de lo que gastas.

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