La hipocresía de los países desarrollados

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¿Te sientes avergonzado de la sociedad y de los países que nos gobiernan a la hora de ser realmente solidarios? ¿Eres de esas personas que se preocupa por los más necesitados y te preguntas si de verdad esto tiene solución? En este artículo hablaremos de la hipocresía de los países desarrollados y de todo lo que has de saber sobre ellos. En estos últimos años, Europa ha atravesado, y sigue atravesando, una gran crisis que ha afectado en gran medida a la mayoría de los países. La principal preocupación y objetivo de los líderes es maquillar los números de la economía sin importar casi los medios. Al mismo tiempo, la ultra derecha cada vez está ganando más terreno en varios países. Se puede decir que la política lejos de elevar el nivel, lo ha bajado hasta los mínimos. Los votantes se parecen cada día más a los ultras de fútbol.

Esta medida de radicalizar a la sociedad, o intentarlo, en todos los aspectos trascendentales de nuestro día a día no es casualidad. El fútbol, para sostener los elevados salarios de jugadores y aumentar las ventas, también ha experimentado este proceso. Siempre han existido ultras y gente que está ahí por otros motivos ajenos al deporte. Sin embargo, esta última década el fanatismo se ha extendido como si de una plaga se tratara. Los seguidores, en vez de preocuparse por sus sueldos, discuten y defienden que la estrella de su equipo debería de ganar más millones que la del equipo rival. Este efecto se ha trasladado al panorama político actual, en el que cada vez se busca tener ultras, no votantes. Seguidores incondicionales que defiendan lo indefendible, pasando por encima cualquier principio ético o moral. Ni siquiera han necesitado darnos pan, más bien lo han quitado, ha bastado con ofrecernos circo.

países desarrollados

Países desarrollados

Al margen, o en consecuencia, de este panorama político y social, hay otras parte del mundo históricamente perjudicadas y abusadas. En el caso de España, por ejemplo, no es que podamos estar orgullosos de su historia y de cómo se han sentado las bases de esta nación. Se dice que descubrieron América, como si la hubieran inventado o creado. Este territorio ya habitado tenían sus costumbres, religión y creencias, hasta que llegaron los invasores. El continente no fue descubierto, sino saqueado. En esa lucha simplemente ganó el que más medios tenía y la civilización más «avanzada». Se dice que dieron educación, religión (impuesta por la fuerza) y muchos otros avances. Haciendo balance, está bastante claro quién salió ganando de esa «transacción unilateral».

Muchos años después, cuando España atravesaba su gran crisis en las que había escasez de alimentos, en la década de los 40, Argentina enviaba alimentos y proporcionaba toda la ayuda posible. No solamente acababa ahí su aportación, ya que miles de personas viajaron a América en busca de un futuro mejor. Sin embargo, poco más de medio siglo después, era Argentina la que entraba en una crisis interminable. Lo lógico y esperable era que recibiera la ayuda de su «país hermano», como ocurrió antaño en la otra dirección. No solamente España dió de lado a Argentina, sino que años después, las empresas españolas empezaron a hacer negocio allí, aprovechando la mala situación del país.

Por estos motivos, entre muchos otros, España es uno de los países «desarrollados» con mayor hipocresía. La mayoría de la sociedad española es de mente abierta y, en términos generales, hacen que el país sea un buen lugar en el que vivir. No obstante, no somos tan buenos eligiendo a nuestros líderes ni apartarnos del camino hacia el cual nos quieren dirigir como sociedad.

El viejo continente

Europa, conocido como el viejo continente, tampoco tiene una historia de la que sentirse orgullosa. La historia que hemos estudiado toda nuestra vida es la que ha contado la parte que ha salido victoriosa. Los grandes historiadores son los que se limitan a los hechos probados que pueden extraerse de las versiones. Los países desarrollados que forman nuestra Unión Europea han caído, caen y caerán en incontables hipocresías. La de mayor duración y más dura de asimilar es el trato que da al «tercer mundo». El continente Africano no solamente ha sido saqueado y controlado, también esclavizado. Lo sigue siendo. Hasta ahí se podría decir que es coherente, al margen del comportamiento.

Los poderosos se hacen más poderosos a costa de un continente y actúan para lograr ese objetivo, por lo tanto es un comportamiento coherente. Cuando realmente aparece la hipocresía de los países desarrollados es cuando piden o mandan ayudas, alimentos o médicos para paliar los problemas que ellos mismos han creado o que han dejado ocurrir. Primero roban los recursos del territorio, dejándolos sin medios ni posibilidad de prosperar como civilización. Esta es la clave para tener a este continente bajo control, impedir el avance y que se pueda equiparar con los países desarrollados. Para ello, financian a señores de la guerra que dominan ciertos territorios estratégicos.

Esto simplemente es una teoría y sospecha que, obviamente, no se confirma o sale en medios de comunicación. Lo que sí se evidencia es que, por un lado sacamos producción a un precio casi gratuito y por el otro lado enviamos ayuda. La situación del continente africano sería considerablemente mejor sin nuestra intervención durante su historia. Hay muchos responsables directos, indirectos, conscientes o inconscientes de esta situación. En uno de esos grupos, nos encontramos nosotros, por la acción o inacción.

países desarrollados

Solución de los países desarrollados

La situación del mundo y las innumerables desigualdades e injusticias tienen solución. Nunca es tarde para enmendar un problema y el tiempo solamente se acaba cuando vamos en otra dirección. Es difícil que varias sociedades se pongan de acuerdo para operar de la manera correcta asumiendo las consecuencias de esta decisión. Para restaurar ese equilibrio en el que nosotros hemos tenido la «suerte» de nacer en el lado «bueno», requiere sacrificios. Por este motivo, es complicado que, por ejemplo, un país o continente entero reconozca sus errores. Y más cuando esos errores deberían ser subsanados con acciones concretas.

En este caso, los países desarrollados deberían de tratar con respeto a los que han sido y están siendo saqueados. Esos beneficios son traducidos en comodidades en nuestra vida diaria a la que no estamos dispuestos a renunciar. No es probable que, de repente, pensemos «hemos sido culpables de esta situación, vamos a compartir». Ello conllevaría a un cambio de vida y una sociedad solidaria. Los diferentes gobiernos se encargan siempre que no haya «demasiada» solidaridad, solamente la justa.

En otras civilizaciones avanzadas como Japón, cuando ocurre una desgracia, en la calle hay disponibles dispensadores de alimentos. Las personas hacen fila y solamente toman lo necesario, con el fin de que haya suficiente para todos. En otros países, y seguro que en España, el primero de la fila se haría con todos los alimentos posibles para el día siguiente o para hacer negocio con ellos. Esta es la diferencia entre países desarrollados y civilizaciones avanzadas. Por este motivo, a excepción de un cambio radical, la situación en el mundo será prácticamente igual a la de siempre. Somos responsables, pero no culpables, ya que hemos sido y somos manejados por los diferentes mecanismos. Estos hacen imposible una organización ni coordinación para cambiar la situación. El sistema consiste en que pierdas la fé y pienses que estás solo en este problema para que bajes los brazos.

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