La autoexigencia – Qué es y cómo utilizarla

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¿No estás contento con los resultados que estás teniendo en tu trabajo, empresa, actividad desarrollada o en el ámbito personal? ¿Tienes una situación, más o menos, cómoda que te permite vivir dignamente, pero quieres más y no sabes qué hacer? En este artículo hablaremos de la autoexigencia, qué es y cómo utilizarla en diferentes aspectos de tu día a día. En esta última década se ha experimentado un «boom» de coaches que nos hablan de ser positivos, de exigencia, trabajar duro, etc. Superficialmente, es un mensaje positivo en los que hay muy pocos profesionales realmente. Solamente con hacer un curso de cincuenta horas puedes tener un título que te permita ser toda una «referencia» en el panorama del coaching. Los verdaderos profesionales que se han preparado y no han dejado de estudiar durante años son los que logran efectividad. Esto no ha pasado desapercibido en la política, utilizando este servicio.

Dónde más éxito ha tenido es el gremio de emprendedores que acuden a convenciones para desarrollar nuevas técnicas de venta y motivación. Cada vez se hace más hincapié en la actitud, dar un extra y tener constancia en nuestra actividad. Uno de los factores más importantes a tratar es la autoexigencia, que nos lleva a no conformarnos con un buen resultado y poner objetivos más altos. A lo largo del texto hablaremos de ambos extremos, de la mejor manera de alimentar este carácter y de saber cuándo desconectar. No todas las personas somos iguales, ni pasamos por las mismas circunstancias. Por este motivo, no es conveniente equiparar nuestra autoexigencia a la de otra persona. Los resultados y nuestra forma de procesarlos puede ser totalmente diferente y no seríamos justos con nosotros mismos.

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autoexigencia

Autoexigencia

Autoexigencia es una característica que nos hace exigirnos en cualquier aspecto de nuestra vida con el objetivo de rendir al máximo. Una persona que se exige a niveles desmesurados puede tener el riesgo de olvidar sus capacidades o límites, sin que importe la manera de conseguirlo. Lo más común es relacionar esta palabra con un trabajo o negocios, pero también se puede localizar en aspectos personales y emocionales. Como con todo, manejarse en extremos no es aconsejable y este concepto no es una excepción.

Este hábito puede tener un impacto positivo tanto como negativo, dependiendo de las circunstancias y del nivel de intensidad. En el próximo apartado analizaremos las ventajas y desventajas de ser una persona exigente y qué beneficios o perjuicios nos deja como consecuencia. Muy difícilmente, esta cualidad puede sostenerse por sí misma. Para ello, ha de necesitar factores como la motivación, resultados y otras características que refuercen exigirnos.

Existe también un tinte social que nos hace querer dar lo mejor de nosotros para estar a la altura de lo que la sociedad espera de nosotros. El problema de este enfoque es que no somos del todo conscientes de nuestro motivo real y nunca estaremos satisfechos. La felicidad o la realización va desde dentro hacia afuera y no al revés. Las redes sociales, con su gran aporte en diferentes áreas, tienen su parte negativa. Las expectativas de multiplican y las fotos o publicaciones se miden por los likes o comentarios que obtienen. Como usuarios de estas aplicaciones, estamos obsesionados por aparentar ser mejor y «dar envidia» a los demás, aunque la realidad sea otra. Solamente se suben publicaciones con los momentos de «felicidad» o los que se publican para dar ese reflejo. Si un seguidor se compra el último modelo de iPhone, nosotros también lo querremos.

Ventajas de autoexigirse

– Estancamiento. En algún momento de nuestras vidas cuando analizamos los años que hemos vivido nos damos cuenta de que igual podríamos haber hecho más o mejor las cosas. A medida que pasa el tiempo, hay puertas que se van cerrando y no podemos abrir en un futuro. La autoexigencia nos hace estar en continúa guardia para no descuidar los aspectos de nuestra vida importantes para nosotros. Nos empuja fuera de la zona de confort para que evolucionemos y crezcamos como persona o profesional. Es uno de los principales enemigos del miedo y nos ayuda a superarlos.

– Alcanzar tu mejor versión. Mejor no significa más. Tener un sueldo mayor, más coches, una mejor casa, móviles entre otros, son bienes materiales. Estos bienes representan lo lejos que hemos llegado y por eso la gente le da mucha importancia. La autoexigencia nos quita de este pensamiento y nos provoca esa incomodidad para que mejoremos. Puede que nos toque la lotería y no necesitemos trabajar nunca más en nuestra vida. Si somos una persona autoexigente, buscaremos seguir teniendo un impacto positivo en nuestro entorno y buscar nuestra mejor versión. Esto puede ser tanto en lo profesional para ser un experto en nuestro campo o en lo personal para mejorar nuestras habilidades de comunicación o ser más empáticos.

– Es contagioso. Si eres empresario o eres un modelo a seguir para tus compañeros, amigos, hijos u otros familiares, puede que seas una influencia positiva. Si somos moderadamente autoexigentes, lograremos cosas positivas. Para querer mejorar hacer falta ser humildes y la autoexigencia nos mantiene en ese estado de humildad que nos hace enfocar toda nuestra atención en los objetivos. Es un valor importante que puede traer beneficios en la vida de otras personas. Esta mentalidad, sin que llegue a extremos, realmente puede cambiar nuestro entorno a mejor.

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Aspectos negativos de la autoexigencia

– Continua decepción. Por mucho que nos pongamos objetivos altos y vayamos a por ellos, puede que las circunstancias nos impidan cumplir con nuestra autoexigencia. Por más que queramos algo, podemos no estar en las condiciones óptimas para ir a por ello. Este hábito nos hace ponernos expectativas muy difíciles de cumplir y cuando no se realizan, aparece la decepción con nosotros mismos. Hay que tener mucha precaución con esto, ya que puede tener como consecuencia tener un lenguaje con nosotros mismos nada sano.

– Ansiedad. Cuando existe un objetivo exigente provocado por la autoexigencia, entramos en continua tensión hasta que consigamos nuestra meta. Esto afecta a todos los aspectos de nuestra vida de manera negativa. Comemos mal, descansamos menos y dormimos peor. El permanente estado de alerta nos tensa todo nuestro sistema; tanto mente como cuerpo. Al darnos cuenta de que las expectativas no son alcanzadas por la realidad, nos sentimos inútiles, impotentes y ansiosos por llegar como sea a lo que nos hemos puesto por objetivo. Esto también tiene otro efecto negativo; el fin justifica los medios por encima de todo. No es un enfoque positivo y puede que actuemos de manera poca ética.

– Depresión. Si el nivel de autoexigencia es máximo, puede resultar demoledor para nuestra autoestima. Fracasar en nuestros objetivos continuamente nos hace replantear si de verdad somos útiles o capaces. El lenguaje que empezamos a utilizar es un castigo para nosotros, alojando pensamientos y calando en nuestro subconsciente. Finalmente, cuando todo explota, podemos caer en una depresión profunda. Si somos demasiado autoexigentes, nunca vamos a ser felices porque siempre pediremos más de lo que hagamos o podamos conseguir. No es una buena comunicación con nosotros y puede que este maltrato a lo que nos sometemos responda a otras causas sobre las que deberíamos profundizar seriamente.

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