Empleados quemados – Todo lo que has de saber

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Para algunas personas, trabajar es un verdadero placer. No solo porque les genera el dinero suficiente para vivir y poder satisfacer las necesidades de los miembros de su casa, sino porque también hacen lo que les gusta, con lo que se sienten cómodos y a gusto.

No obstante, en vista del creciente problema económico que se vive en diferentes partes del mundo, algunos tenido que tomar decisiones radicales, muchas de ellas están relacionadas con el tipo de trabajo que llevan a cabo y el tiempo que invierten en él.

Algunos han estudiado carreras universitarias que tienen mucha demanda, lo que hace que tengan dificultad para conseguir puestos de trabajo que estén disponibles para ellos. Otros han visto que el trabajo que decidieron desempeñar es poco rentable, así que se aventuran en otro para ver cómo les va. De esa manera llegan a trabajar de algo que nos les gusta en lo más mínimo. Lo hacen, simplemente, para poder vivir y llevar dinero a la casa.

Esto ha hecho que la calidad y el rendimiento de muchas empresas se vengan en declive. Al tener trabajadores desmotivados y descontentos, la producción suele disminuir y los problemas se empiezan a agravar.

En otras palabras, el remedio llega a ser peor que la misma enfermedad. Es decir, lo que en un principio se consideraba como la solución al problema, solo logró que este se intensificara.

A esto se le conoce popularmente como el síndrome del empleado quemado. Si eres un trabajador, ¿cómo puedes evitar que esto te suceda? Si eres el jefe, ¿cómo puedes hacer para que tus empleados no pasen por esta experiencia negativa?

De ello estaremos hablando en este artículo. De modo que la recomendación es que no dejes de leerlo por nada.

El síndrome del empleado quemado

empleados

Cuando hablamos del síndrome del empleado quemado, no nos referimos a alguien que ha sufrido algún accidente laboral. Más bien, se trata de una expresión metafórica que indica el estrés crónico que se experimenta en el lugar de trabajo.

Es interesante el hecho de que no se trata de algo nuevo, para la década de los 90 ya estaba incluido en una amplia lista de trastornos y causas de muerte. Sin embargo, no fue sino hasta unos cuantos años cuando la OMS la reconoció como una enfermedad asociada al empleo.

De hecho, el asunto es tan grande que se considera que es el segundo problema de salud laboral más frecuente en el país ibérico y en Europa, en general.

Este síndrome no surge de la casualidad. Más bien, podemos decir que es producto de la convergencia de varios factores, como la precariedad, la excesiva carga de trabajo y el acoso laboral.

Por lo general, estas personas tienen un tipo de empleo que se caracteriza por tener horarios fijos, contar con un número de horas demasiado elevado, tener un salario poco remunerador y, por tanto, insuficiente y vivir en un contexto social muy exigente.

El síndrome del empleado quemado cuenta con tres dimensiones:

  1. El agotamiento emocional: las personas suelen sentirse más abrumadas, sensibles y, por tanto, son menos tolerantes ante las imperfecciones de los demás. Pareciera que todo el tiempo están molestas y les cuesta manejar situaciones que salen del orden de lo normal.
  2. La despersonalización: este término se usa para referirse a la actitud negativa que se tiene con relación a los compañeros de trabajo y las personas que se encuentran en el entorno laboral, lo cual hace más propenso el desgaste del ambiente en el trabajo. Es decir, vuelve la atmósfera aún más tensa.
  3. La baja realización personal: se trata de una especie de círculo vicioso en donde participan diferentes elementos como la frustración, el bajo rendimiento en el lugar de trabajo, el estrés laboral, el desgaste profesional de la persona y la ausencia de expectativas para el futuro, es decir, la desmotivación.

Puede que, en determinado momento, por la influencia de otros factores externos, te sientas de esta manera. Sin embargo, eso no siempre quiere decir que estés padeciendo de dicho síndrome. Más bien, puedes considerarlos como una señal de alerta para tomar cartas en el asunto y buscar posibles soluciones.

En el caso específico de España, no se manejan datos relacionados con la cantidad de trabajadores con el síndrome. Sin embargo, sí hay que señalar que se ha determinado que el 30% de los maestros de primaria, de las escuelas públicas de Aragón, podrían llegar a desarrollarlo.

En cuanto a los profesores de segundaria, estos podrían llegar a sobrepasar el 40% y, en cuanto a los empleados universitarios, lo que incluyen los profesores, el personal administrativo y los investigadores, la cifra podría ascender a un 18%.

Si lo vemos en conjunto, esto puede ser muy alarmante, ya que se trata de solo la punta del iceberg. Existen muchos sectores más que también se ven gravemente afectados, lo cual aumenta la posibilidad de que bajen las producciones de muchas empresas y, por tanto, la economía de todo el país se vea afectado.

Y esto podría resultar paradójico, ya que se sobrecarga a los empleados de trabajo para mejorar la economía. Se piensa que mientras más tiempo y esfuerzo se invierta en determinado proyecto, más ganancias se obtendrán.

No obstante, pareciera que no estuvieran al tanto de cuánto puede afectar esto a la parte más importante del proyecto, los trabajadores. Si ellos se desgastan, el proyecto no llegará a ninguna parte. De ahí lo fundamental de darle confort a los trabajadores.

Ahora bien, ¿qué necesitas saber sobre el síndrome del empleado quemado? De ello estaremos hablando en el siguiente subtítulo. Por ello, no puedes dejar de leerlo. Veamos.

Lo que no se dice sobre el síndrome 

empleados

Como señalamos anteriormente, puede que te parezca que, a simple vista, estés padeciendo del síndrome del empleado quemado. De hecho, tal vez vayas más allá y te atrevas a asegurar que algunos de tus compañeros de trabajo también lo padecen.

Sin embargo, es importante que estés al tanto de que existen test que indican la severidad del desgate profesional. Esto, con la finalidad de poder frenarlo a tiempo.

En este test se deberán responder preguntas relacionadas con los hábitos de la persona y con el ambiente laboral en el que se desempeña. Deberá puntuarla con un rango que va del cero al seis, según la frecuencia y la intensidad con la que vive cada una de las situaciones descritas en el subtítulo anterior.

No obstante, es posible identificar si echas humo en el trabajo, para poder atacar el problema con prontitud. Para ello, puedes tomar en cuenta estas cuatro fases:

  1. Entusiasmo: el empleado manifiesta una falta de entusiasmo en su lugar de trabajo. Aunque se trate del empleo que siempre quiso, puede que su actitud positiva inicial vaya menguando con el paso del tiempo. Esto puede deberse a la intensidad del trabajo es muy fuerte o a las largas jornadas que tiene que cumplir.
  2. Estancamiento: las expectativas profesionales no se cumplen. De manera que comienza a generarse un desequilibrio entre el esfuerzo que lleva a cavo el empleado y la remuneración y el reconocimiento que recibe. Por ello, comienza a pensar que la labor que lleva a cabo es en vano y no se esfuerza por ser un mejor profesional. Llega el conformismo y, con el tiempo, se quema.
  3. Frustración: en vista de que no se cumplen sus expectativas laborales, el trabajador comienza a desmotivarse y desmoralizarse. Pierde la ilusión inicial que tenía al llenar la planilla de solicitud del empleo.

Por consiguiente, cualquier cosa lo irrita, lo molesta y constantemente se ve involucrado en problemas y conflictos con el equipo de trabajo del que forma parte, lo que hace que el ambiente laboral se vuelva tenso y cada vez más insoportable.

  1. Apatía: se generan cambios de actitud que son significativos y se comienza a adoptar una postura totalmente defensiva. No hay intensiones de mejorar como profesional y da igual la manera en la que se efectúa el trabajo, si bien o mal. Al fin de cuentas, no sienten que haya algún incentivo para hacer las cosas bien.

Pese a todas estas descripciones, algunos podrían llegar a confundir el estrés laboral con el síndrome del empleado quemado. Puede que te parezca que se trata de lo mismo. Sin embargo, el empleado estresado, se encuentra muy implicado en los problemas laborales, manifiesta hiperactividad emocional, agotamiento físico y falta de energía.

A pesar de eso, puede llegar a tener efectos positivos en exposiciones moderadas.

En el caso del empleado quemado, manifiesta una falta de implicación en los problemas, está embotado emocionalmente. Su agotamiento es tan grande que afecta su motivación y su energía psíquica. Sufre de depresión causado por la pérdida de sus ideales.

De manera que, como hemos visto, se trata de un mal mucho más grande. Claro, este podría comenzar a surgir como consecuencia del estrés.

Pero, ¿qué consejos debes tener en cuenta en este particular?

Consejos 

Tal vez estés percibiendo algunos indicios que dan a entender que estás padeciendo este síndrome. No obstante, esto no quiere decir que estás irremediablemente destinado a tener que experimentarlo.

A continuación, estaremos compartiendo contigo algunas recomendaciones para evitar el síndrome del empleado quemado y continuar siendo una persona productiva en tu lugar de trabajo.

  • Debes reducir los niveles de activación. Si de plano es imposible bajar la intensidad en el lugar de trabajo, debido al exceso de actividades, es necesario que busques momentos del día que puedas dedicar al ocio.

Por ejemplo, puedes practicar algún deporte, hacer vida social al compartir con tus amigos y familiares, leer un buen libro, etc. Cualquier actividad que evite que tengas la sensación de estar solo y aislado.

Busca la manera de salir de la rutina, de despejar tu mente. Algo que puede ayudarte es apagar tu teléfono celular cuando estés haciendo alguna de estas actividades. Así podrás evitar las distracciones laborales innecesarias y aliviarás los efectos nocivos del estrés.

  • Es importante que vuelvas a llenar de significado tu trabajo. Comienza a plantearte nuevas metas y olvida las que no pudiste realizar, ahora solo forman parte del pasado.

La manera de hacerlo es comenzar a hacer tus tareas consciente de ello y no de manera mecánica, como si fueras un robot programado.

  • Disfruta con el simple hecho de haber hecho bien tu trabajo. No necesitas el reconocimiento de nadie más, ni siquiera necesitas una remuneración al final de cada mes. Haz las cosas por ti, para sentirte bien contigo mismo y para crecer como persona y como profesional. Así nunca te sentirás decepcionado y no perderás la motivación.

Claro, es importante que tengas en cuenta que esto no se logra de la noche a la mañana. Se trata de un trabajo de hormiga. Comienza con acciones pequeñas pero significativas. De ese modo, al poco tiempo, te darás cuenta que los cambios empiezan a gestarse.

Si eres capaz de controlar el estrés laboral, te sentirás más a gusto en tu lugar de trabajo y serás más eficiente.

 

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