Burbuja inmobiliaria – Todo lo que has de saber

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¿Te gusta estar al tanto de los diferentes momentos por los que pasa la economía de un país en concreto? ¿Crees que hay algunas circunstancias que ocasionan los momentos tan difíciles por los que a veces atravesamos todos los ciudadanos? En este artículo hablaremos de la burbuja inmobiliaria y de todo lo que has de saber al respecto. Por desgracia, desde finales de los años 90 hasta el año 2.007 hemos experimentado esta consecuencia provocada por irresponsabilidades y acciones poco éticas a todos los niveles posibles. Durante el texto hablaremos de las causas y profundizaremos en todo lo que nos ha traído hasta el día de hoy. A modo de resumen, se puede decir que la burbuja inmobiliaria nos condujo hacia una época de crisis en la que muchas cajas de ahorro terminaron por quebrar. Las que han sobrevivido han sido gracias a un gasto público para distintas fusiones con entidad bancarias.

Lo grave de esta situación y lo más sonrojante es que, mientras nosotros pagábamos el rescate de todas esas empresas que previamente nos habían dejado dinero de una manera irresponsable y bajo engaños, nos estaban quitando la casa. Los desahucios, al margen de que los diferentes medios de comunicación hayan intentado minimizar su impacto, han sido y son situaciones que no se pueden dar en un país que dice ser democrático. Con el dinero público (de todos), se ayudaba a estas compañías y por otro lado, ante el impago de la hipoteca nos echaban de la casa. No solamente perdíamos la casa y el dinero ya pagado, también conservábamos la deuda. En otras palabras, un robo y un atentado contras nuestros derechos reflejados en la Constitución. Además, de manera paralela, muchas entidades bancarias nos colocaban productos que sabían que no eran buenos, siendo conscientes de que la gente perdía dinero.

burbuja inmobiliariaBurbuja inmobiliaria

Uno de los síntomas principales de nuestra burbuja inmobiliaria se encontró en el aumento desmedido del precio, superando notablemente a las rentas y al IPC (Índice Precios del Consumo). Ante la continua demanda y la escasez de un terreno edificable, cada casa construida incrementaba su valor de manera exagerada. Otros factores que han influido negativamente han sido las recalificaciones de suelo, el beneficio fiscal para adquirir viviendas y, sobre todo, la especulación y concesión de créditos inviables. La gran crisis que hemos y estamos pasando está directamente relacionada con esta burbuja inmobiliaria, ya que provocó el colapso de muchas entidades bancarias, pérdida de poder adquisitivo y por tanto menos consumo. Esto derivó en menos facturación para las empresas, con la reducción de plantilla respectiva, aumentando el paro.

Se trata de un hecho que desencadenó en muchos otros. Si la gente tenía una hipoteca muy alta, perdía su poder adquisitivo y reducía el consumo. Al reducir el consumo, las empresas tienen menos facturación, sin opción a financiación. El motivo es que los bancos se encontraron con muchas casas y poco dinero, con deudas millonarias que agrandaban su agujero contable. Ante la imposibilidad de financiarse, la empresa reducía gastos a través de los despidos, los cuales se facilitaron mediante políticas reprobables. Al despedir a muchos empleados, ya no disponían de un ingreso y reducían aún más los gastos, lo que nos lleva otra vez al principio, pero empeorando la situación.

Una manera de proteger los ahorros en épocas de crisis es empezar a ahorrar siendo joven. Esto se puede conseguir de manera sencilla cambiando hábitos y analizando nuestros ingresos y gastos. Con ello, estamos aumentando nuestras posibilidades de hacer frente a momentos difíciles que puede atravesar un país por diferentes motivos. En este sentido, es importante que dependamos de nosotros mismos, sin contar con el Estado.

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Decisiones pobres y poco éticas

En la época de abundancia que hemos vivido al principio del segundo milenio se tomaron decisiones que hipotecaron nuestro futuro. Una pareja, con un trabajo cada uno, podía tener unos ingresos de 4.000 euros al mes. Esta era una cifra, más o menos, común. Cuando tomaban la decisión de comprar una casa y pedir una hipoteca, lo hacían en base a esa cantidad de dinero que percibían mensualmente. Los bancos, sin realizar un estudio previo exhaustivo, concedían este tipo de préstamos muy a la ligera. No tiene sentido preocuparse por el futuro de tus clientes, si lo que queremos es el dinero ahora que pueden o se creen capaces de afrontarlo (nótese la ironía). Al margen de conceder esos créditos, también los juntaban con otro préstamo para amueblar la casa, un coche nuevo, etc. Por lo tanto, el valor de esa operación crecía de una manera desmedida.

Al meter productos financieros muy pobres en nuestro sistema bancario, lo que hacemos es contaminar y acumular basura. Los bancos eran conscientes de la calidad de esos productos y de las consecuencias que puede tener. Cuando acumulas basura sin pausa, hay un momento en el que no cabe más y termina por explotar. Esto pasó en España. Cuando se dió esta situación, la pareja anterior con la hipoteca más el coche y los muebles, se encontró ante un panorama totalmente diferente. No conservaban el trabajo, o si lo hacían los ingresos se habían reducido demasiado. Tampoco tenían la seguridad de conservar el empleo en unos meses. Esta sensación de inseguridad provocó un menor consumo de la población. Al ser la situación insostenible, esta pareja ya no podía hacer frente de la hipoteca, perdiendo el dinero y su casa, pero conservando la deuda. Es un caso ficticio que representa miles de situaciones vividas a lo largo de los últimos años.

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