El impacto de la austeridad – Todo lo que has de saber

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Actualmente, la austeridad ha tenido un relevante impacto en la vida del ciudadano español. Aunque no seas un experto en finanzas y economía, seguramente te has visto afectado en tu presupuesto mensual por el pago de los impuestos.

La subida de los impuestos es una política de equivocada, pues no deja atrás la austeridad; al contrario, va aumentando poco a poco el déficit público. Por lo tanto, es totalmente negativo para la economía en general; si se suben los impuestos para evitar que aumente el déficit público es como acabar la austeridad con medidas austericidas, lo cual no tiene mucho sentido.

Llagando al récord de la deuda pública por ciudadano español, los gobiernos han tratado por varias medidas aumentar los impuestos para reducir dicha deuda. Esto también se podría lograr reduciendo las partidas de gastos públicos, más no aumentando los impuestos. La diferencia se notaría en la reducción total de los gastos del estado, más que de las partidas. Sin embargo, no se ha logrado un avance suficientemente satisfactorio.

Pensémoslo así, si se impone un tributo a las empresas, el sentido común nos dice que ese tributo le será exigido a sus trabajadores y la larga viene afectando a todos en cadena. Ello, porque este impuesto termina siendo pagado por los contribuyentes y no por la banca misma. Si se mantienen los privilegios legales de la banca sigue siendo el ciudadano de a pie el más afectado.

¿Te interesa saber cuál es el estado actual de la austeridad en España?, ¿quisieras comprender un poco el impacto de las medidas de austeridad y si es posible cambiar el resultado de haberlas aplicado?; continúa leyendo y te explicaremos de manera sencilla todos los detalles del impacto de la austeridad en cada ciudadano español.

Pedro Sánchez y las medidas de austeridad

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El panorama sigue siendo incierto, la deuda pública está latente, la seguridad social se tambalea en rojo todavía. Estos indicadores demuestran que, aunque el tema de los tributos no ha dejado de hacer ruido, ahora son los gastos los que pretenden tomar el protagonismo en la película de la austeridad en España.

El ciudadano común ahora tiene un 10% más de gastos personales, esto impresiona un poco al contrastarlo con el 5% de aumento de los salarios de los altos cargos en el gobierno de Pedro Sánchez. Esto es paradójico, porque un gobierno que pregona estar en lucha contra la precariedad, ha producido un fenómeno de aumento de gasto personal eventual del mismo Estado en un 26% aproximadamente.

Sin embargo, fue el año pasado cuando Pedro Sánchez se pronunció dictaminando una reducción en los gastos electorales como medida de reducción de gastos generales del Estado, como un “ejercicio de austeridad”. A pesar de que la palabra “austeridad” nos asusta a todos, no pareció una medida descabellada.

No puedes olvidar que toda medida tiene su fin económico vestido con alguna estrategia política. Entonces, ¿se está librando España o no de la crisis austericida?: pues la buena nueva es no estamos al borde de una inminente crisis económica como algunos afirman. Existiendo una desaceleración económica clara, no hay argumentos suficientes para tener temor; pero es momento de gestionar la economía desde el ahorro.

Bien sea a través de políticas fiscales o inversiones monetarias, si no se gestionan adecuadamente, tienen a desarrollarse rendimientos decrecientes. Este dinero publico invertido, cada vez generará menos PIB si se aplican desde la mentalidad del incentivo económico.

El PIB, conocido como Producto Interior Bruto, estrictamente nos indica el estado del valor monetario actual de todos los bienes y los servicios producidos por España, durante un determinado periodo de tiempo; el cual, generalmente se estandariza por año o por períodos de gobierno. Se dice que es utilizado para medir la riqueza del país; sin embargo, actualmente pareciera ser el medidor de la precariedad.

El incremento del PIB se ha dado de manera muy mínima en el poder adquisitivo, eso se ha evidenciado desde en las limitaciones del ámbito automovilístico. En la eurozona hemos pasado de un 2.5% a un 1.6%. Esto significa que se ha desacelerado este año en comparación al 2018. El creciendo de la depreciación de divisas de Latinoamérica, la menor dependencia energética en cuanto al petróleo, la compra de la nuestra duda pública son índices que nos desaceleran.

A pesar de ello, la incertidumbre política del gobierno de Pedro Sánchez parece traer muchas sorpresas relevantes en el campo económico. Las reformas laborales, las medidas de tributos y reducción de gastos que este presidente plantea van a influir en gran medida la economía local del 2020.

La desaceleración en el mercado laboral, tiene un impacto en las alzas públicas grandísimas, porque cada vez hay más empleados y más exigencias en la aportación de la seguridad social para los autónomos. Esto desarticula la economía y pone en situación de riesgo y vulnerabilidad a muchos ciudadanos españoles.

La deuda pública y la austeridad

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La deuda pública ha evolucionado, prácticamente lo que podamos tener de riquezas de un año será lo que debemos. En el 2017 había un 325% del PIB en deuda, lo cual indica que deber tanto es evidencia de que la política monetaria ultraexpansiva había desincentivado las reformas estructurales para salir del impacto negativo. Sin embargo, en correlación con las cifras actuales del PIB, en el 2019 no se ha podido minimizar esta deuda; pero, aunque no estemos en la crisis del 2008, seguimos en línea roja.

Verdaderamente, se ha comprobado que la crisis no se puede combatir con recursos públicos. Esa clásica receta de austeridad para protegerse en la crisis; esa estrategia política del invertir cuando estas en la mala racha, no ha funcionado; lo único que ha venido trayendo desde el punto de vista económico del capitalismo es una repetición de las crisis expresadas en diferentes formas y un déficit crónico.

Según optimistas, los pronósticos globales en Europa serían que desde el punto de vista monetario la inflación va a la baja; con ello la esperanza de que no se va a repuntar la crisis; ya que los datos de la eurozona para el 2020 y 2021 pronostica que habrá una inflación en torno al 16% y 18%.

Ahora bien, específicamente en España, los datos analizados en nuestro escenario son claramente más reales en comparación a la eurozona. Sin embargo, con un 2,2% de rendimiento, las gestiones de los riesgos son vitales para mantener el repunte y no caer en un deterioro brusco.

Diferencia entre la desaceleración y la crisis

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La crisis económica ha sido un golpazo de padre y señor nuestro para todos los españoles, nadie puede negarlo. Ahora, el ciudadano común tiene miedo a gastar, vive en austeridad, estamos ahorrando hasta lo más mínimo en el consumo familiar; pero igual no nos alcanza.

El comercio mundial ha reducido a la mitad la previsión de crecimiento del comercio mundial para 2019; ha pasado del 2,6% al 1,2%. Por ello, estamos esperanzados en que Pedro Sánchez no infravalore estos reportes y no cometa los mismos errores de Zapatero y les preste atención a las señales.

¿Qué pasa si ahora nos llegara una mala racha de golpe?, ya tenemos en el consiente colectivo los temores de lo sufrido en el 2008; pero qué aprendimos realmente. Sabemos que el Fondo Monetario Internacional nos sigue dando recomendaciones un poco contradictorias entre recortes y estimulaciones.

Es importante que estés consiente que optar por la desigualdad y la precariedad ya no puede ser una opción. Ya viste que el alza de los impuestos no es la salida más pertinente, porque lleva a un alto riesgo de vulnerabilidad ciudadana.

Que estemos en desaceleración no quiere decir que salimos de la crisis, pero es esperanzador. Por ello, es importante hacer hueco para este tipo de análisis y debatir sobre nuestras propias experiencias de vida frente a la austeridad. No te silencies por el temor, déjanos tus comentarios, comparte con tus amigos; pues es el mantenerse informado lo que te dará base para poder opinar y decidir.

El miedo a la crisis evidentemente está llamando la crisis. Mientras el Banco Central Europeo intensifique sus medidas económicas, evidentemente repercutirá en España en gran manera. Por lo cual, necesitaríamos medidas internas en España para curarnos en salud de lo que puede llegar a venir, tomando en cuenta la gran necesidad de estímulos monetarios que Europa está demandando.

Una desaceleración en un periodo de 12 años de crisis no parece alentadora. Los datos afirman que para el año que viene se va a mantener la desaceleración por debajo del 1% de crecimiento. Esto nos indica una tendencia de normalidad y regularidad en la economía.

Cuando un país pasa una crisis tan profunda y extendida como la del 2008 al 2014, política y estructuralmente ha dado tiempo de reorganizarse en las normativas pertinentes. Por ejemplo, en el 2019, las exportaciones han mejorado en relación con el PIB; lo cual era una debilidad palpable en años anteriores.

Con ello, lo positivo se ve en que los sectores que se dedicaban a consumos solamente internos ahora se han expandidos a otros tipos de consumo. Esto aumenta la capacidad empresarial de salir de una posible crisis futura con los beneficios de la facturación internacional y el índice de competitividad global, y por ende ha suplementado el índice de eficiencia en productividad con respecto a 12 años atrás.

¿Qué aprendimos?

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  1. Con la crisis, aprendimos que la burbuja de rentas fijas de tipo inmobiliario no tenía que ver con fallas de la capacidad productiva, más bien era problema de redireccionar del sentido utilitario de la producción inmobiliaria para eficienciar la capacidad de producción.
  2. Es decir, nos dimos cuenta que estábamos aplicando proyectos inmoviliarios que no servían para nada, porque perdían utilidad económica real frente a las necesidades reales de los ciudadanos; y no prestando a un apoyo artificial de los gobiernos por fines políticamente corruptos.
  3. Sabemos que el ahorro es bueno porque te da resiliencia frente a una crisis. Pero conocimos que al bajar nuestros ingresos no podemos pensar en ahogarnos en impuestos. No se trata de no ahorrar, se trata de reducir gastos de manera optimista y efectiva, sin asfixiar a los ciudadanos de a pie, sino más bien enfocarnos en las empresas públicas y privadas en conjunto.
  4. Tenemos muchas reformas pendientes, empezando por el drama del mercado laboral. Tomando en cuenta la tasa del desempleo estamos en crisis todavía. Es una realidad, no hay porque tapar el sol con un dedo, una de cada tres personas que debería estar produciendo para el país no lo hace. Ello demuestra la fosilización de las normativas
  5. Estamos estancados en el 99% del pago de la deuda pública; pero siendo optimistas, por lo menos no es mayor. ¿Qué hemos aprendido de ello?, tenemos que tomar medidas de riesgos ahora mismo, porque sabemos que podemos recaer en cualquier momento, quizá en un par de años.
  6. La austeridad no es un tipo de economía dinámica, las políticas fiscales y monetarias austericidas tienen que ser corregidas desde el fondo para poder ser resilientes a las futuras crisis. Y aunque el gasto público se ha estado reduciendo, no estamos preparados para deterioro rápido en Europa.
  7. Ante la duda, la gente se paraliza. No hay suficiente inversión por culpa de la información contradictoria respecto los pros y los contras de los gastos personales, el ahorro, la deuda pública y el tema de la austeridad. Los bancos se aprovechan del crédito, destruyen la economía desde las familias hasta los altos gastos del Estado. Por ello, es mejor rescatar a los deudores y no a la banca.

 

 

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