Gastos impulsivos – Qué son y cómo controlarlos

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Imagina la siguiente escena: Vas al centro comercial y caminas sin rumbo fijo. Caminas por el simple hecho de caminar. Luego, pasas frente a una tienda cuya marca es muy popular y está a la moda. No puedes resistir detenerte a observar.

Piensas que puedes entrar a la tienda y que no hay nada de malo en mirar. Total, no comprarás nada. Entras y, tras mirar con detenimiento una y otra prenda, decides pedir el probador simplemente para ver cómo te queda puesta.

Te luce genial. Mientras más la miras, más te gusta y es más intenso el deseo de tenerla. No puedes comprarla. No te hace falta, pero es tan linda. De verdad la quieres. Tienes una fuerte lucha en tu interior.

Usar tu tarjeta de crédito implicaría una nueva deuda, aún no has podido cancelar la anterior, que también fue por la compra de algo que no era urgente. Sin embargo, comienzas a pensar que serás la envidia de tus amigas. Todas querrán tener una igual, pero tú la tienes.

No resistes más, te quitas la prenda y vas directo a cancelarla. Sin más dudas, sin pensarlo dos veces. La quieres y punto.

¿Te ha sucedido algo parecido? Tal vez no con una prenda de vestir pero sí con algún accesorio, algún artículo para la casa o hasta con alguna comida o postre. Por más que intentaste desviar la atención de lo que querías, no pudiste evitar comprar.

¿Qué sucedió si estabas tan determinada a no gastar más? ¿Por qué simplemente no pudiste pasar de largo e ignorar lo que estaba en exhibición? Esto sucede frecuentemente, más de lo que puedas imaginar. ¿Sabes cómo se llama esta acción? Gasto impulsivo. A continuación estaremos hablando de ello y qué hacer para evitarlo.

Qué son los gastos impulsivos

Un gasto impulsivo es la compra de todo aquello que adquirimos que no estaba previamente planificado. Se trata de una fuerza de empuje que te lleva a comprar por emoción o impulso.

Claro, esto no significa que sea algo 100% malo o que sea condenable en todos los casos. ¿Dónde está lo malo del asunto? El problema radica cuando esa compra te hace adquirir una deuda innecesaria o cuando te sales del presupuesto establecido.

También se vuelve un problema cuando dejas de cubrir una verdadera necesidad, por adquirir algo que forma parte de tus deseos.

Por lo general, las cosas que se compran por impulso, suelen ser más económicas que las demás. Por lo que se convierte en una verdadera tentación, al verlo como una oferta que quizás no se vuelva a presentar.

Estas “ofertas” las solemos encontrar en lugares como la caja del supermercado, las gasolineras, las calles denominadas como comerciales, entre otros.

En una compra impulsiva, lo que se adquiere no forma parte de los artículos de primera necesidad, tampoco son urgentes. Por lo que se puede prescindir de ellos.

Puesto que en ocasiones tenemos la oportunidad de palpar, oler o gustar el objeto, entonces llevarlo a la casa pasa a ser una necesidad personal. De hecho, genera gran satisfacción poder adquirirlo. Lo contrario también es cierto, cuando nos reprimimos de hacerlo, podemos llegar a sentirnos frustrados e infelices.

Ahora bien, ¿quiere decir eso que estamos completamente condenados? ¿Podemos hacer algo al respecto?

Factores nos llevan a gastar de forma impulsiva

Ganar más de lo que gastas

El principal motor que mueve a las personas a gastar dinero de forma impulsiva es el marketing o la publicidad. Esta, muchas veces, nos presenta el producto o el servicio como algo que debemos adquirir para mejorar nuestras vidas y hacernos más felices.

Pero detengámonos a pensar, ¿es eso verdad? ¿Nuestra felicidad depende realmente de algo material que hoy está y mañana se acaba su vida útil? ¿Qué tal si somos víctimas de la delincuencia y lo perdemos? ¿No tenemos la posibilidad de ser felices otra vez?

Los medios de publicidad atacan nuestras emociones y esto no es el producto de la casualidad. De hecho, estas áreas de negocio se toman el tiempo para estudiar las técnicas y características que llevan a las personas a realizar compras.

Son unos verdaderos expertos en el arte de la persuasión, a tal punto de ni siquiera percibir que lo están haciendo.

Por otra parte, los supermercados, tiendas y bazares conocen bien dónde deben colocar sus productos y de qué forma, para que estos sean más llamativos para el comprador.

Además, la presión social ejerce una gran influencia a la hora de decidir si compramos algo o no. El deseo natural de ser aceptados y de encajar, nos lleva a tomar decisiones condicionadas a la opinión de los demás, y obviamente las compras no son la excepción.

¿Te ha sucedido que gastas por alguno de estos factores? Esto sucede con más frecuencia de la que piensas.

Qué tipo de persona gasta por impulso

El gasto por impulso o también llamado compra compulsiva, lo padece aquellas personas que compran simplemente por el placer y la satisfacción que les produce comprar, no porque necesite lo que está adquiriendo.

Se le considera como una persona adicta a las compras y su perfil psicológico es similar al del ludópata. Es decir, a la persona que siente la apremiante necesidad de apostar continuamente, en cualquier juego, pese a las consecuencias negativas que esto podría traerle.

Para muchos que gastan por impulso, el comprar les da el poder de decisión que, por lo general, su entorno le ha negado. Dar el paso, realizar su deseo, le brinda una enorme sensación de bienestar que no es superada por otra actividad que se pueda realizar.

Estudios han demostrado que, quienes padecen de este descontrol, en su gran mayoría, son mujeres jóvenes de buena posición económica, con un nivel cultural y profesional elevado.

Se sabe que comienzan con estas actitudes a los 18 años, edad donde empieza su emancipación, y las graves consecuencias se ven 7 o 10 años después, cuando las deudas, los problemas familiares, los sentimientos de culpa y la inestabilidad financiera, comienzan a manifestarse.

Claro, esto no quiere decir que todas las mujeres están condenadas a padecer de esta obsesión. Tampoco quiere decir que los hombres están vacunados en contra de este problema. Esto podría pasarle a cualquiera. Por esta razón surge la pregunta, ¿cómo evitar los gastos impulsivos? ¿Hay alguna solución?

Cómo evitar los gastos impulsivos

No hay nada de malo en querer comprar, y hacerlo por impulso, de vez en cuando, es natural. Lo malo está en no poder controlar ese deseo y que se vuelva una especie de obsesión para nosotros. ¿Podemos evitar comprar por impulso? ¡Claro que sí! ¡Pongamos manos a la obra!

Lo primero que debes hacer es realizar una lista a la hora de ir a hacer las compras. Apégate a ella fielmente. Ten esto como regla, si no está en la lista es porque no lo necesitas. ¡No lo compres!

A la hora de pagar, olvida tus tarjetas de crédito. Paga en efectivo. De hecho, si este se te acaba no habrá manera que puedas continuar comprando y la tentación no podrá llegar a realizarse.

¿Qué puedes hacer con tus tarjetas? Algunos simplemente la dejan en sus casas. Sin embargo, otros actúan de manera más drástica. Las congelan en un envase con agua para evitar sacarlas. Situaciones desesperadas, requieren medidas desesperadas.

Para muchos, comprar es una terapia. Los ayuda a liberar el estrés acumulado en la semana. Si están tristes, los ayuda a sentirse mejor, incluso a alcanzar la felicidad. Es un verdadero placer, más que comer, dormir o tener relaciones sexuales.

Lo que debes hacer es buscar otro tipo de terapia. Ponte la meta de caminar, practicar algún deporte, leer un buen libro o aprender un oficio nuevo. Canaliza tu ansiedad de otras maneras menos perjudiciales para ti y para tu economía.

Si notas que nada de lo anterior funciona, entonces te estás enfrentando a un verdadero problema que no puedes solucionar solo. Puede que sea necesario buscar ayuda profesional para poder salir del abismo de los gastos impulsivos. Y no hay porqué sentirse mal por ello. Tal como una enfermedad, necesita ser tratada.

Cosas que debes evitar para no comprar por impulso

Instrumentos de deuda

Si tu propósito es mejorar en este problema, debes estar decidido a hacerlo y estar dispuesto a hacer lo necesario. Aquí te dejamos algunas sugerencias, de cosas que debes evitar, a fin de sentir menos deseos de gastar.

No te quedes frente al televisor viendo propagandas. Los anuncios publicitarios tienen la finalidad de estimular nuestros sentidos para inducirnos a consumir. Algo que puedes hacer es levantarte de la cama al momento de los comerciales o cambiar de canal.

No te quedes miran las ofertas y los descuentos. El deseo entra por los ojos. Si lo contemplas, entonces rápidamente comenzarás a desearlo. Debes recordar que una oferta se convierte en una verdadera oportunidad cuando realmente lo necesitas.

Si vas a comprar alguna prenda de vestir, sé práctico. Piensa en cuántas veces la usarás y si eso compensa el valor de lo cancelado por ella.

No salgas a comprar cuando estés triste. Esa es una mala idea. Piensa esto: cuando gastas dinero para lidiar con tus problemas, en realidad te estás añadiendo nuevos problemas. No podemos combatir una actitud negativa con acciones negativas. Por el contrario, busca alguna actividad constructiva como dar un paseo en compañía de buenos amigos.

Evita ir de compras solo. La persona que te acompañe, debe apoyarte al 100% en tu decisión de no gastar de forma impulsiva. No pidas la compañía de alguien que sabes que consentirá tus deseos. Evita la compañía de quienes tienen tu mismo problema.

Beneficios de no realizar gastos impulsivos

Cuando lo piensas con cabeza fría, al margen de lo que quieres hacer, podrás darte cuenta que son muchos los beneficios de no gastar de forma impulsiva.

Por ejemplo, mejorarán tus finanzas. ¡Al fin podrás librarte de las deudas! ¡No hay nada como la tranquilidad que eso genera! Imagina cómo sería el día que ya no tengas que preocuparte por pagar intereses a causa de tus deudas, un verdadero alivio.

Por otra parte, tendrás una mejor relación con los demás. Si padeces de esta condición, de seguro más de una persona ha tratado de hacerte ver el peligro al que te enfrentas, y cada vez que reincides es una pelea segura. ¿No estás cansado de eso? De seguro que sí.

También gozarás con la felicidad que produce tener una conciencia tranquila. Adiós a los remordimientos de conciencia y los sentimientos de culpa. Puesto que comprar por impulso es semejante a un vicio, reincidir suele hacernos sentir mal. No tienes que castigarte de esa manera.

Piensa en todo lo que podrás hacer con ese dinero extra. Puedes destinarlo para realizar diferentes actividades. Puedes crear momentos inolvidables en compañía de tus amigos, familiares y seres queridos. Hay mayor felicidad cuando das que cuando recibes.

Por otra parte, tendrás la maravillosa oportunidad de ahorrar, no solo para darte un gusto de vez en cuando, sino también para cuando se presente una emergencia o para cuando surja una necesidad real. Evita los gastos impulsivos, compra de forma responsable.

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