Emprender tras trabajar por cuenta ajena

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¿Eres una persona emprendedor que está viendo dificultades para conseguir unos ingresos mínimos? ¿Quieres trabajar por cuenta propia, pero al mismo tiempo necesitas un sueldo fijo cada mes? En este artículo hablaremos de cómo emprender tras trabajar por cuenta ajena o cómo hacerlo al mismo tiempo. Muchas personas han intentando ser sus propios jefes, poniendo en práctica una idea y desarrollando una actividad económica o profesional. En estos casos, no siempre se tiene éxito, ya que depende de muchos factores a tener en cuenta. Puede que no consigamos hacer una clientela lo suficientemente grande como para vivir de esa actividad o que estemos empezando y cueste arrancar. En este caso, nos encontramos con un tiempo libre que no sabemos manejar. Por más que miramos continuamente formas de mejorar o conseguir el objetivo deseado, nos sigue sobrando tiempo. En este caso, se plantea otra alternativa con la que podemos sacarle rentabilidad.

Seguramente conozcamos algún caso de una persona que logra conciliar en el día a día dos trabajos en los que es empleado. Esto puede atender a una necesidad económica mayor o a la complementación de dos trabajos a tiempo parcial.  Para ello, se requiere ciertas características o circunstancias que nos permiten acoplar esos dos horarios y que no se solapen. Entre esos trabajos, si nos organizamos y el tiempo nos lo permite, podemos conciliar nuestra vida personal con la laboral. Es necesario tener una mente fuerte y voluntad, ya que hemos de sacar tiempo de donde, en principio, no vemos posibilidad. Para saber cómo tener dos trabajos, suele ayudar que uno de ellos sea un desde casa. Esto nos permitirá una mayor flexibilidad a la hora de cumplir con otros compromisos que pudiéramos tener. A lo largo del texto hablaremos del supuesto en el que ese otro trabajo sea emprender.

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Emprender y trabajar

 

En este apartado daremos varias calves que nos van a permitir realizar tanto nuestra actividad económica como cumplir en nuestro trabajo como empleados. Dependiendo de esa actividad profesional que elijamos, es más sencillo acoplar a trabajar por cuenta ajena. En el caso de los profesionales, podemos tener un horario determinado en el que ejercemos como empleado y el resto de la jornada tener nuestra clientela de manera particular. Sea cual sea nuestra situación, tendremos que saber cómo aplicar la inteligencia emocional en el trabajo y en nuestra actividad. Para ello es importante ser consciente de:

– Gestión de las emociones. Este puede que sea el campo más complicado al que nos debemos enfrentar. Todo lo que tenga que ver con nuestras emociones es difícil de controlar o predecir. Es preciso tener un conocimiento profundo de nuestra manera de pensar, actuar y sentir. Para ello, requiere un análisis continúo de distintas situaciones y el proceso interno que nos ha llevado a actuar o pensar de esa manera. Un factor clave es la sinceridad y la honestidad, por dura que pueda parecer. No es nada útil intentar engañarnos, porque corremos el peligro de conseguirlo. Esto únicamente crea una realidad y un entorno cómodo para justificar cualquier tipo de infortunios. En este sentido, nunca se para de aprender sobre uno mismo y moldearse como persona.

Hay varias características o formas de ser de una persona que quiere emprender y tiene éxito. No hace falta estudiar a distintos grandes empresarios, basta con echar una vista detenida a nuestro entorno. Seguramente que podemos sacar varios puntos en común entre diferentes personas con un negocio de éxito. Cualquier emoción puede ser negativa o positiva, simplemente se requiere la habilidad necesaria para darle un enfoque que sume y no reste. Para esto, se necesita una actitud positiva.

Dejar gradualmente el empleo

Es posible, como a muchas personas les pasa y les ha pasado, que nos encontremos en una situación «imposible» de solucionar. Por una parte, necesitamos unos ingresos fijos que nos permitan hacer frente a nuestros gastos y desarrollar la actividad económica. Pero, al mismo tiempo, ese trabajo que nos asegura ese sueldo, nos roba demasiado tiempo para hacer de nuestro negocio una fuente de ingresos viable. En este punto no sabemos si dejar el trabajo o seguir en esta dinámica en la que no vemos un avance. Este tipo de escenarios requieren de una mente fuerte, organizada y paciente.

Para explicar y entender bien la profundidad de esta disyuntiva, nos ayudaremos del siguiente ejemplo. Imaginemos que entramos en casa, el agua del grifo ha desbordado y empieza a llegar al suelo, al mismo tiempo que hay fuego a causa de un enchufe en mal estado. Nuestra prioridad seguramente sea el fuego, ya que requiere de nuestra atención de manera urgente. Pero tampoco podemos dejar que el agua llegue a este sitio. En un análisis profundo, podemos determinar que la prioridad número uno es la necesidad más apremiante (fuego) y casi al mismo nivel se encuentra el agua desbordada.

No podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo de manera completa y prestando toda nuestra atención. Lo que sí podemos hacer es poner más esfuerzo en acabar con el fuego y poco a poco ir solucionando el problema del agua. Al principio, el derroche de energía es mayor. Poco a poco, según vamos lidiando con ambos problemas, van a ir disminuyendo. Esto pasa un poco con emprender y ser empleado. Si nuestra principal fuente de ingresos es por cuenta ajena, debemos invertir tiempo de nuestro ocio en sacar adelante nuestro negocio. No importa que avancemos poco, mientras avancemos.

Emprender y gestionar economía

Otro punto clave en el que debemos desarrollarnos y aprender es en gestionar nuestros recursos económicos. Para ello, hemos de llevar una contabilidad personal y empresarial totalmente separada. En ambas, hemos de establecer una serie de cálculos que nos permitan saber el estado financiero mes a mes y en el año entero. Basta con anotar en una hoja los ingresos y gastos mensuales durante los próximos doce meses y el resumen en las diferentes economías. Una vez hecho este paso, podemos analizar los gastos que hemos previsto y que pueden ser prescindibles. Si queremos invertir en nuestro negocio, no es cuestión de solamente ahorrar dinero y tiempo, es necesario saber utilizarlos. Seguramente, con esfuerzo, identificaremos ciertos gastos innecesarios que a lo largo del año suponen una importante cantidad.

Si tenemos un sueldo de 700 euros en nuestro trabajo a jornada parcial y unos ingresos de 300 euros en nuestro negocio, es muy probable que sean números insuficientes. Ante un problema de recursos, hemos de ahorrar para tener una mayor disponibilidad. Probablemente haya que sacrificar ciertas actividades de ocio o gastos diarios. Un café en el bar, uso del coche, salir a tomar algo o comer en un restaurante, por ejemplo. Son actividades que podemos interrumpir e invertir ese tiempo y dinero en trabajo efectivo. No es una idea muy atractiva, pero ese esfuerzo puede ser recompensado. Si conseguimos ahorrar al mes otros 100 o 300 euros, estamos contando con 1.400 euros cada mes. Esto nos dará mayor libertad para hacer crecer nuestra actividad económica y que esos ingresos mensuales sean mayores.

Para cualquier sacrificio o esfuerzo, es necesario tener clara nuestra motivación. Probablemente no necesitemos recordarla si estamos en una dinámica positiva. Es en los tiempos difíciles que nos hace falta recordar nuestro por qué y ese ha de ser suficientemente fuerte para ponernos otra vez en marcha.

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Emprender y trabajar. Organización

Este aspecto es fundamental a la hora de tomar esta decisión, ya que al día disponemos de un tiempo limitado. Hacer un horario semanal con toda actividad o pasatiempo es imprescindible para saber del tiempo que disponemos. Cuando hemos terminado ese horario (es aconsejable rellenar las 24 horas del día, incluso el sueño) , podemos ajustarlo. Ver que actividades quitar o acortar y cuales podemos hacer en otro momento para que sean más productivas. A continuación, vamos a poner un ejemplo en el que podamos diferenciar dos casos; uno organizado y otro no. El supuesto es una persona que de 9 a 14 horas desarrolla su actividad económica y de 15 a 21 horas el trabajo como empleado.

Sin organización. Se levanta a las 8-8.30 para desayunar y llegar corriendo al trabajo. Esto genera un desgaste mental y de energías, ya que añadimos un estrés por llegar a tiempo. Como es nuestra actividad, seguramente lleguemos 15 o 30 minutos más tarde. Vamos al bar o compramos en supermercado algo para comer, lo que se traduce en un gasto de dinero y una comida de mala calidad seguramente. Llegamos a nuestro trabajo a las 15 y cuando terminamos, a casa a las 21.30 de la noche. Nos ponemos a ver la tele un par de horas, mientras cenamos y nos dormimos a las 12 de la noche.

Con organización. Esa persona se despierta a las 6 de la mañana para preparar su desayuno y la comida del día, así como almuerzo y merienda. Le da tiempo a elegir la ropa que ponerse y vestirse cómodamente. Llega a su negocio a las 9 menos 15 y se prepara para poder realizar cualquier trabajo o atención a las 9. Se lleva un termo de café para ahorrarse el café del bar.

No va al supermercado ni a picar nada, ya que ha ido preparado. Tarda menos tiempo en comer (no visita el supermercado) y puede ir de manera tranquila al otro trabajo para llegar antes de la 15. Esto le genera una tranquilidad mental que, al contrario del estrés, es positivismo. Cuando llega a casa a las 21.30 de la noche, pasa tiempo con la familia y cena. A las 23.00 se va a dormir para descansar durante 7 horas.

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